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NATURALEZA-1950: EDUCACION VERDE EN LAS ESCUELAS.

jueves, 23 de mayo de 2013

EL CANAL DE ENSUEÑO.


El presidente Ortega ya lo hizo oficial: el Canal lo harán los chinos, su ruta no será por el río San Juan, sino más al norte y su costo andará por los cuarenta mil millones de dólares. Del anuncio, a que pase el primer barco, pasarán muchos años y seguramente no veremos pasar el primer supertanquero por nuestro bello Lago de Nicaragua.

El doctor Jaime Incer, asesor en materia de medioambiente de la Presidencia, ha dicho, escuetamente, que habría que hacer un estudio de profundidad (o batimetría) en la ruta del canal sobre el Lago de Nicaragua para saber si el lago puede “aguantar” semejante proyecto.

Lo cierto es que los estudios ya existen, el Lago de Nicaragua no tiene la profundidad adecuada para permitir barcos del pretendido calado de 23 metros. Entre la costa de Chontales y la Isla de Ometepe el lago tiene 9 metros en promedio y entre Ometepe y la costa de Rivas unos 13 metros, en promedio.

Esto lo sé porque he navegado en todo el lago desde hace más de 40 años, teniendo siempre a bordo un sonar o “fishfinder” que detecta la profundidad con exactitud.

Además, he visto y sé que existen mapas completos del Lago de Nicaragua con estudios de batimetría previos, que fueron realizados por cierto hacia finales del siglo XIX por ingenieros norteamericanos que estudiaban la ruta más factible para construir el famoso canal interoceánico por Nicaragua, utilizando el río San Juan y el Lago de Nicaragua.

Estos mapas confirman lo que todos sabemos: tenemos un gran lago muy seco y desde entonces hasta hoy, solo puede estar más seco, por el proceso de sedimentación acelerada causado por la deforestación de su cuenca.

El único lugar donde podría navegar un barco así que ya llaman “Nicamax”, en nuestro lago, es en una línea recta donde hay una falla entre San Ramón, Isla de Ometepe y La Zanata, en medio Lago, pero esta línea no esta en el trazo de este a oeste que tendría que tener el canal para acortar la distancia sino de Ometepe hacia el sureste. La parte más profunda del lago está en esta falla, frente a San Ramón, Ometepe y mide un poco más de 50 metros de profundidad.

Para que un barco de la clase Nicamax con un calado aproximado de 22 metros pase de la costa de Chontales a la costa de Rivas por la ruta más corta, se tendría que dragar en el lago una gigantesco canal subacuático para llevar la profundidad del lago constante a 25 metros. Dicho canal tendría 80 kilómetros de longitud por un ancho de 300 metros para que puedan pasar dos barcos, uno de ida y uno de vuelta.

No quiero ni siquiera pensar o imaginar las implicaciones ambientales que esto tendría sobre el Lago de Nicaragua, considerado como la mayor reserva de agua potable de Centroamérica, si es que tal empresa es factible con la tecnología actual.

Pero aún suponiendo que se logran superar las dificultades técnicas, que no son pocas, y las ambientales que son impensables, tenemos la problemática del agua. ¿De dónde va a salir el agua para las monumentales exclusas que necesariamente tendrán que construirse para subir los barcos de ambos océanos a los 31 metros sobre el nivel del mar que tiene el lago?

Si ya actualmente, con el caudal que se va por el río San Juan y el proceso de evaporación, con solo un mal invierno los barcos que calan apenas dos o tres pies tienen mucha dificultad de arribar a San Jorge o Moyogalpa. Y eso que esas embarcaciones son pigmeas en relación con los supertanqueros que se suponen van a surcar por las aguas de nuestra Mar Dulce cuando esté operando el canal.

Si no tenemos una garantía de que los buenos inviernos aportarán esa agua y no se regula o represa el caudal que se nos va diariamente por el río San Juan, no habrá agua para las exclusas, al menos que el lago se seque, hasta que los barcos no puedan navegar sobre sus aguas.

Esta garantía no se logrará sin una reversión drástica del proceso de deforestación que ha sufrido la cuenca de nuestros lagos, y en el caso hipotético de que seamos exitosos reforestando masivamente las cuencas hídricas de nuestro Lago Cocibolca, este sería un proceso gradual, que duraría muchos años en tener un efecto perceptible en el cambio climático.

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