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martes, 22 de enero de 2013

DICTADURAS EN NICARAGUA.




En Nicaragua, la dictadura se rechaza bajo la premisa de no reelección, decisión influenciada por dos elementos de sustento: el fuerte presidencialismo, que acentuó la urgencia de perpetuarse en el poder, que junto con procesos electorales fraudulentos han sido utilizados para completar el acto. Algunos países con experiencias reeleccionistas y dictatoriales implantaron la no reelección como una norma constitucional fundamental de la democracia. Porfirio Díaz, en México, gobernó 27 años provocando un movimiento que atizó la Revolución Mexicana. Alfredo Stroessner, en Paraguay; Joaquín Balaguer en República Dominicana; Anastasio Somoza en Nicaragua; Oscar Benavides en Perú; Getulio Vargas en Brasil, en todos la reelección presidencial fue el mecanismo para perpetuarse, en algunos casos, por más de treinta años en el poder, excepción de Fidel Castro con cincuenta años de verdugo institucional cubano.

Politólogos y sociólogos aseguran que estas dictaduras fueron causa de subdesarrollo y pobreza de estos países, engendró revoluciones, exilio y resentimientos sociales, ruptura de la familia y emigración voluntaria a países desarrollados buscando mejores perspectivas de futuro. Todo esto atizó el desgaste de nuestros países, no solo en lo económico, sino en lo social y lo más importante, el drenaje profesional calificado al no encontrar oportunidades de desarrollo en sus respectivos países.

Insurrecciones de izquierda hicieron caer muchas dictaduras, naciendo esperanzas de nuevos aires democráticos a la región, abriendo nuevas expectativas que vieron sus sueños frustrados, cuando realizaron el cambio solamente fue de la derecha a la izquierda, volviéndose estas nuevas dictaduras más violentas, más represivas, más crueles que las dictaduras contra las que lucharon, dividiendo más la familia y atizando la pobreza, la que se convirtió en su caldo de cultivo, explotando el pan y circo, el populismo, el clientelismo político.

Ahora nuevamente tenemos dictaduras contra las que se habrá de luchar, siendo el civismo la vía que más le convendría a estos países, pero los dictadores se han vuelto más represivos, violadores de la Constitución y secuestradores de las instituciones que hacen de un país, una democracia.

Hugo Chávez, agonizando, va para su tercer periodo presidencial, Ortega en su cuarto periodo, Kirchner en busca de su tercer periodo, quinto de la familia, Rafael Correa en busca del tercero, repitiéndose en todos estos países comunistoides, donde dictadura se ha vuelto “cosa buena” para los que la consideraban “cosa mala”. La reelección ha cambiado color político. No pueden soltar el poder, vivir sin él. Sus secuaces viven y alimentan del poder y dicen sin vergüenza… “la calle está dura”. En el mercado natural de trabajo no podrían sobrevivir, no saben hacer otra cosa más que vivir del erario nacional, esto, a cambio de nada, no justifican lo que llevan cada año a sus cuentas bancarias, millones de dólares, sin contar las oportunidades de negocio que se recetan con solo compartir con el verdugo de turno.

Desarrollaron estos perversos un proceso nuevo donde la reelección podía lograrse no a través de golpes militares, sino modificando normas constitucionales para beneficio del presidente reeleccionista, convirtiéndolo del Mesías que nació de las armas, a otro que nacía de los votos. Daniel Ortega hizo que su derecho a ser reelecto pasara encima de la Constitución, volviendo la Constitución, en anticonstitucional, contraria a su derecho a convertirse en dictador de Nicaragua.

En este cambio de panorama político, la izquierda que luchó contra la dictadura, aprueba y se queda en silencio sobre esta situación, en cambio la derecha que vivió y benefició de ella quiere convertirse ahora en bandera antirreeleccionista. Esto podrá calificarse no solo en manifestación de ambigüedad política, sino también en oportunismo pragmático. Sin embargo e independientemente del beneficiado, hay que oponerse a la reelección y las dictaduras en América Latina, por ser institucionalmente nociva a como nuestra historia bien nos recuerda.

Vergonzoso espectáculo dan algunos intelectuales cuando hablan de la defensa de la democracia, al mismo tiempo que no pueden borrar de sus frentes la infamia de haber alcahueteado dictaduras vernáculas que hicieron gala sistemática de burlas al sufragio. Ignoremos estos pseudorrevolucionarios aprovechadores de una revolución que deshonraron y procuremos conquistar aquellos que de buena fe se mantienen engañados. Ningún pueblo puede escapar a las exigencias de la historia, que son de acción y sacrificio, aun a costa de la vida. 

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