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miércoles, 19 de diciembre de 2012

SOCIALISMO DE CHAVEZ EN DECADENCIA.



Ante la recaída con pronóstico reservado del presidente Hugo Chávez, han surgido varias interrogantes sobre el futuro político del proyecto “Sistema Socialista del Siglo XXI”, sin faltar los adulones que en pedimentos sobre la mejoría de su salud, han llegado hasta a cuestionar la honestidad de sus progenitoras: “aquí lo esperamos sus hijos”. Poco ha faltado en sus alabanzas desbancar al libertador de Simón Bolívar.
Ha sido notorio observar en los medios de comunicación a férreos militares en posiciones ridículas, subyugados y sumisos, rezando con florecitas en mano, rogando y agradeciendo “todo el amor y el más grande amor” de su líder y caudillo dictador. Poco ha faltado levantarle un altar, dada la similitud de adjetivos solo comparables al de triste recordación: Rafael Leónidas Trujillo.
Previo a partir hacia la Cuba de los hermanos Castro, Chávez designó a Nicolás Maduro como su sucesor político, quien en correspondencia, a lo inmediato indicó: “Hasta más allá de esta vida vamos a ser leales”. Tal situación ha provocado expresar al líder opositor y demócrata Enrique Capriles: “En Venezuela no hay sucesión… Cuando una persona se separa de una posición, la última palabra siempre la tendrá nuestro pueblo”. Cuyo contenido o mensaje expresa que la vida política de un país no debe estar supeditado al destino de un caudillo.
Lo anterior nos hace recordar al padre de la democracia en Venezuela, el inolvidable Rómulo Betancourt, quien detestaba ser caudillo y por tanto autócrata que supedita las instituciones al egocentrismo.
Como estadista tendía a mirar más allá del horizonte; aborrecía a los adulones, intrigantes y mediocres que pululan alrededor de los caudillos, por ser sumisos irracionales, antítesis de la democracia. Consciente que el partido por él fundado (Acción Democrática) era un buen instrumento, su objetivo no era entronizar al partido en el poder, sino consolidar la democracia en Venezuela.
De ahí que un triunfo de un adversario en una justa electoral dentro del sistema democrático, lejos de considerarlo una derrota, se sentía gozoso porque se asentaban los principios republicanos de la alternabilidad del poder, respetando la voluntad de la mayoría del pueblo.
Como político y buen conocedor de la historia, Betancourt sabía que todo sistema político fundamentado alrededor de un hombre y de su prestigio se desmorona con su muerte.
De ahí la necesidad de fortalecer las instituciones y no a los hombres, quienes son siempre perecederos y efímeros. Betancourt era enemigo jurado del culto a la personalidad.
El futuro del sistema socialista impuesto, que ha dependido de un Chávez mesiánico caracterizado por despilfarrar las riquezas del petróleo venezolano, es tan negro como el petróleo mismo, porque como dictadura nunca ha ofrecido libertad, dignidad y respeto por la justicia. Con Nicolás Maduro, un sumiso sin carisma y sin luces, mucho menos.

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