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NATURALEZA-1950: EDUCACION VERDE EN LAS ESCUELAS.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

SAN DEMETRIO EL SANTO DE DANIEL ORTEGA.






El personaje es muy conocido en nuestro tragicómico mundillo político y aunque no pertenece a la mitología griega tiene cierto aire de divinidad y sus adláteres entornan los ojos y respiran profundo cuando lo ven venir; aunque no es caritativo es generoso a la hora de repartir dádivas y es muy humilde porque solo exige lealtad, sumisión y nucas dobladas a sus arrodillados seguidores.

Aunque está en todos los partidos, todas las familias ideológicas y todas las tendencias políticas habidas y por haber, a “Demetrio” le importan un bledo los estatutos y cartas ideológicas partidarias y se burla descaradamente de los congresos, convenciones, directorios, plenos y cuantas instancias superiores existen de manera aparente en partidos y movimientos políticos. Le valen un soberano pepino los consejos políticos, directivas, asesores, coordinaciones, representantes legales o lo que sea que supuestamente represente a los partidos. Por decirlo así, está más allá del bien y el mal de la clase política criolla.


sto de democracia y dictadura, orteguismo y oposición, libertad y represión, pierde sentido cuando “Demetrio” se entrega con ahínco a sus quehaceres, porque igual lo padecen los que están arriba como los que están abajo y no distingue entre rojinegros, chichas, morados, verdes, rojos, lilas, azules, blancos o cualquier color partidario; es como el líder máximo de la demeritada clase política local en su conjunto. Al igual “Demetrio” debe ser entonces el símbolo político a destruir y a borrar de la usual práctica política.

En todo caso “Demetrio” opera como el dueño de los partidos y mentor absoluto de lo que ahí sucede. Él decide quién será diputado, quien será alcalde, quién será concejal y hasta quién será presidente. Eso de que “las bases deciden” y eligen candidatos es un cuento que ya ni los adolescentes creen. Las famosas consultas populares son un chiste cruel en que solo los más ingenuos o los más fanáticos creen que para el caso da lo mismo. “Demetrio” ha convertido la práctica democrática, si es que ha existido alguna vez, en una demeritada opereta que tiene al pueblo cada vez más divorciado y distanciado de la clase política y por supuesto de las decisiones importantes del país.

Los irreverentes tildan a “Demetrio” de múltiples formas: el dedo mágico, democracia digital, el ungidor, el dedal automático, entre otros, que no por cómicos dejan de ser trágicos.

Para los ungidos, diputados, alcaldes y concejales, “Demetrio” es su santo patrono al que rinden devoción y pleitesía, no hay limosna que valga para retribuir el agradecimiento a este personaje, tampoco hay elección que valga: sea para presidente, diputados, alcaldes y concejales, “Demetrio” ya eligió. La gente va a las elecciones supuestamente para elegir al mejor candidato, pero lo que no saben es que “Demetrio” ya eligió antes por ellos. Los que van en las listas de candidatos son a los que este puso y por lo tanto el cuento de que la gente va a elegir al de su preferencia no deja de ser una burla grotesca.

Dar un vuelco a esta deprimente praxis política debe ser tarea urgente de todas las organizaciones que dicen tomar en serio la lucha por implantar una verdadera democracia en el país. Es un mal que avanza en todos los estratos, el político, el social, el empresarial, el sindical, entre otros. Rebelarse, atrincherarse en los partidos y organizaciones, protestar contra esta antidemocracia debe ser tarea de todos. Continuar soportando a “Demetrio” es esperar tranquilamente la ruina nacional.

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