verdades calientes

NATURALEZA-1950: EDUCACION VERDE EN LAS ESCUELAS.

miércoles, 4 de julio de 2012

CAUDILLISMO JURASICO BLOQUEA LIDERAZGO JUVENIL EN NICARAGUA.

Diplomados, seminarios, capacitaciones, observatorios, etc., llevan a cabo diversos organismos para desarrollar liderazgos juveniles capaces de acceder a la dirección de los partidos políticos. Tarea meritoria pero sin éxito. El modelo jurásico al que están apegados los dirigentes políticos locales nada tiene que ver con las ciencias políticas contemporáneas propias de países civilizados y partidos democráticos, algo muy alejado de nuestra diabólica praxis política.

Aquí impera el más salvaje canibalismo político y el nepotismo, amiguismo y clientelismo son prácticas comunes; las emboscadas y puñaladas están por doquier y cepillos full time cargan sierras portátiles para serruchar el piso a los adversarios del jefe que es el que maneja los biyuyos y designa a su antojo cargos y candidaturas arropado en una difusa Ley Electoral que es manejada de manera siniestra por el CSE.

Los caudillos violan constantemente los estatutos partidarios a sabiendas de que cualquier diferendo, llámese litis o personería, irá a parar a las manos del CSE que inclinará la balanza a favor de los “aliados”, zancudos u otra forma de colaboracionismo con el orteguismo. Aquí las lealtades con el frentismo valen literalmente su peso en oro.

No se sabe cuántos jóvenes egresados de estos cursos han logrado ubicarse en las burbujas de hierro que son las cúpulas partidarias. Las oportunidades son limitadas porque el servilismo y la nuca inclinada son los principales requisitos de acceso. El desaliento y la frustración deben apoderarse de los muchachos que abandonan la lucha en solo la entrada, lo que cae como anillo al dedo a los dirigentes mastodontes que así continúan entronizados para sécula seculórum.

Está claro    que las opciones de liderazgo para los jóvenes son limitadas. Hay tres o cuatro partidos de regular fuerza atados al orteguismo y una miríada de partidos zancudos cuya existencia dura lo que dura una elección y que están dispuestos a cualquier transacción con tal de seguir su rentable acción política. Concluido el sainete electoral y agotado el presupuesto todo mundo se va a su casa a esperar la próxima convocatoria. Es la política sin oportunidades.

Así las cosas capacitar a los jóvenes es plausible pero sin futuro. Promover liderazgos juveniles a partir de un modelo académico que automáticamente los lleve a ocupar cargos de dirección no parece viable, al menos en nuestro despiadado y a menudo amoral mundo político. Las organizaciones que se dedican a la capacitación juvenil deberían mejor destinar sus esfuerzos a financiar una única institución, una especie de academia juvenil que forme sin exclusiones a las futuras generaciones de dirigentes, con un pénsum que incluya un dosis alta de ética política que les proporcione a los jóvenes una coraza capaz de dar una patada a la podredumbre política actual.

La retórica y la teoría deben sustituirse por hacer trabajo de campo a las calles, distribuyendo papeletas y mariposas, pintando consignas, arengando en los buses, organizando marchas, y reclutando voluntarios para campañas cívicas. Las aulas con aire acondicionado son confortables, pero es el trabajo en las calles el que fortalece la mística y profundiza las convicciones, armas vitales para dar al traste con el manejo arbitrario y anquilosado de nuestros partidos. Las instituciones comprometidas en la capacitación de jóvenes deben convocarse a un cónclave para determinar un camino común y una estrategia viable. Lo contrario es el desperdicio de recursos y apostar a favor de nuestro estatus quo político.

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