verdades calientes

NATURALEZA-1950: EDUCACION VERDE EN LAS ESCUELAS.

viernes, 3 de febrero de 2012

LA OPOSICION LIBERAL NO DEBE PRESTARSE Y MANIPULARSE POR EL JUEGO ORTEGUISTA.


Cundo el doctor Ramiro Sacasa Guerrero rompió con Somoza por comprender que este último se convertía en dictador, renunció a prebendas y halagos, renunció “al chequecito” y a cuanta granjería ofrece el poder, y tomó el duro camino de la oposición.

Con este gesto el doctor Sacasa Guerrero hizo posible que el liberalismo, execrado por la dictadura de los Somoza, pudiese ser parte de la Nicaragua moderna.

Abrazar la dictadura y jugar al zancudismo (es decir, al vugar colaboracionismo político con el régimen dictatorial, al margen de los principios, únicamente por prebendas) es lo peor que puede hacer el liberalismo actualmente.

El camino del zancudismo , solo conduce a la extinción política, y si no que lo digan, los ejemplos de Cacaseno (Arsenio Álvarez Corrales), Edmundo Paguaga Irías, y el mismo Fernando Agüero. Fueron tuzas que ardieron un día, para ser devoradas por la ira de los pueblos que no perdonan la traición.

Prestarse al juego del orteguismo y llenar posiciones en la mesa directiva de la Asamblea Nacional sabiendo que no se tiene el número de diputados suficientes para respaldar dichos cargos, es zancudismo.

No denunciar el fraude electoral y la burla que el pueblo nicaragüense sufrió en las pasadas elecciones, es zancudismo.

Quedarse callado, ante el manoseo que hace Ortega a la Constitución, ostentando una presidencia que es fruto de una violación a la misma Constitución, es zancudismo.

Aceptar que el actual Consejo Supremo Electoral, instrumento que ejecutó el fraude, sea reelecto parcial o totalmente y venir a decirnos que lo que importa es buscar un consenso para su elección buscando, “tener participación en ese organismo”, es zancudismo.

Se equivocan quienes creen que a los pueblos se les puede engañar con posiciones intermedias, con medias verdades, que en el fondo lo que pretenden es esconder sus ambiciones personales cuyas metas es entrar en el presupuesto de la República y recoger las migajas que les ofrece el dictador.

Nicaragua no necesita de zancudos, necesita de hombres decentes, que quieran construir una sociedad, pluralista, democrática, respetuosa del Estado de Derecho, sensible al dolor y frustración, que encierra las enormes diferencias sociales que aquejan a nuestro cuerpo social.

No se efectúa la reingeniería de un partido, jugando agazapado a la espera de lo que sobre de la mesa.

Se construye un partido creando un ideario, elaborando una doctrina, desarrollando una estrategia, creando un nuevo liderazgo, pero sobre todo, dando ejemplo de honestidad y coherencia de lo que se predica y de lo que se vive.

Los partidos democráticos nicaragüense, y principalmente el partido liberal (incluyendo al PLC y el PLI) está en deuda con la nación y la comunidad internacional al haber permitido nuevamente la llegada de Ortega al poder.

Tienen que responder ante la historia por no haber podido superar su canibalismo interno y sus ambiciones caudillistas.

Resucitaron a Frankestein y fueron incapaces de darle a este pobre y sufrido pueblo, una alternativa mejor que Ortega.

Acomodarse en la Asamblea con el actual régimen, sabiendo que lo único que tienen derecho es el “derecho al berreo”, sin poder decidir o incidir en algo relevante, es simplemente caer en el cinismo y pretender que la mayoría de los nicaragüenses somos unos tontos.

Lo que el liberalismo debe entender es que el régimen de Ortega tiene sus días contados.

Su nacimiento fue espurio, es inconstitucional, ilegítimo, carente de legalidad.

Es el fruto del zarpazo y del miedo, pero nunca dejará de ser inconstitucional.

Abrazarse a ese régimen, es como aceptar el abrazo de la muerte, todo aquel que lo haga quedará estigmatizado y los pueblos no olvidan.

Si algunos liberales quieren zancudear están en su perfecto derecho, pero al igual que el régimen de Ortega sus días están contados.
OSIRISMELISA

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