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miércoles, 26 de octubre de 2011

NICARAGUA EL 6 DE NOVIEMBRE DECIDE "DICTADURA O DEMOCRACIA".

Las elecciones del próximo 6 de noviembre son cruciales para el futuro del país. Nuestro destino, y el de nuestros hijos y nietos, se juega en estas elecciones, pues de ellas depende que se consolide una dictadura familiar, en varios aspectos semejante a la que nos impusieron por más de cuarenta años los Somozas, o que el voto ciudadano haga que triunfen la democracia y el cambio, que es la aspiración de la inmensa mayoría del pueblo nicaragüense.
Todo lo que habíamos avanzado, a partir de 1990, en gobernabilidad, institucionalidad democrática y desarrollo económico, comenzó a retroceder a partir del 2007. No solo se perdió la independencia de los Poderes del Estado, sino que su partidarización y sometimiento a la voluntad del Ejecutivo ha llegado a niveles sin precedentes en nuestra historia. En las condiciones que recibió el gobierno el actual presidente de la República, en los años siguientes el crecimiento económico debió ser superior al 5%, en vez de mantenerse en un mediocre 3.4% como promedio en los últimos cuatro años. El incremento del P.I.B ha sido, en su mayor parte, debido al buen precio internacional de nuestros principales productos de exportación y al esfuerzo del sector privado. El combate a la pobreza se ha reducido a una serie de programas sociales de corte asistencialista y clientelista, que no atacan las causas estructurales de la misma. El irrespeto a la Constitución y las leyes ha estado a la orden del día.
Hay que acudir a las urnas electorales con plena conciencia de lo que significa nuestro voto y sus consecuencias para el país. Para eso, es preciso informarse, reflexionar y luego proceder a votar sin miedo. Si actuamos como ciudadanos responsables y con espíritu patriótico, no podemos inclinar nuestro voto hacia un determinado candidato simplemente porque recibimos unas cuantas láminas de zinc, unas gallinas o una vaquita. Estemos claros que quien las entregó es el Estado y no la bolsa del gobernante. En consecuencia, no hay razón para comprometer el voto por el beneficio que nos hayan reportado esos programas, que deberían existir sin sesgo partidario. El voto debe ser absolutamente libre, tal como lo ordena nuestra Constitución Política.
Existe, en la conciencia colectiva, un claro deseo de cambio, de aprovechar estas elecciones para darle un golpe de timón al rumbo del país. Y esto lo podemos lograr, cívica y democráticamente, asistiendo masivamente el 6 de noviembre a votar por una alternativa que consideremos capaz de derrotar el continuismo inconstitucional orteguista y que, además, por la trayectoria de los integrantes de su fórmula presidencial, nos asegure que no habrá más corrupción ni autoritarismo ni irrespeto a la Constitución y las leyes de la República. Este sería un verdadero voto útil, a pesar de los intentos de dividir el voto democrático.
Comparemos las propuestas de planes de gobierno presentadas por los candidatos y optemos por aquel que sea más serio, que no esté teñido de demagogia populista, y que tampoco represente una venta de ilusiones, como pensar que a corto plazo se pueda generar un millón de empleos.
Veámos qué ofrecen esos planes para combatir la pobreza a fondo y generar trabajos productivos, cuál es el compromiso con la educación, la salud, la cultura, la infraestructura y la recuperación de la institucionalidad democrática, etc… Examinemos con cuidado si se nos está ofreciendo más de lo mismo o el verdadero cambio que tanto necesitamos; si la voluntad sigue siendo la de gobernar exclusivamente para los miembros de un partido y sus simpatizantes, o si realmente el compromiso es ofrecer un gobierno donde no se va a discriminar a nadie por su ideología o vinculación partidaria para que reciba los beneficios de los programas sociales del Estado.
Nicaragua, por un buen tiempo, va a necesitar la cooperación de países amigos. Veamos, entonces, cuál de los candidatos está en mejores posibilidades de conseguir esa cooperación, que en gran parte perdimos por el fraude electoral en las elecciones municipales del 2008. Quien de ellos nos garantiza que los ingresos del acuerdo petrolero con Venezuela van a revertirse realmente en beneficio del pueblo, vía presupuesto, y no continuarán, como hasta ahora privatizados y manejados discrecionalmente por la familia presidencial. Analicemos también quién puede garantizar la recuperación de la institucionalidad y el Estado de Derecho, que estimule la inversión extranjera que genere los empleos que tanto necesitamos.
Es cierto que el proceso electoral está siendo conducido por un Consejo Electoral de facto, que inscribió, por razones políticas y no jurídicas, la candidatura inconstitucional e ilegítima del actual presidente de la República; que ha promovido una cedulación ciudadana deficiente y sesgada; que distribuyó, entre los partidos, los nombramientos de los miembros de las Juntas Receptoras de Votos sin respetar la proporcionalidad que contempla la Ley Electoral, y que se ha negado a acreditar a los organismos de observación electoral nacional más reconocidos.
Con todo y eso, la peor decisión es no votar o anular el voto, porque entonces le dejamos el campo libre al orteguismo. Por mandato de la Constitución tiene que haber elecciones el 6 de noviembre próximo. Hagamos de ellas la gran oportunidad de superar la tremenda crisis en que nos tiene sumergidos el gobierno actual, por medio del instrumento cívico y civilizado del voto.

osirismelisa.

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