verdades calientes

NATURALEZA-1950: EDUCACION VERDE EN LAS ESCUELAS.

lunes, 17 de octubre de 2011

EL GUEGUENSE EN LA POLITICA NICARAGUENSE.

EL GUEGUENSE EN LA POLITICA NICARAGUENSE.:


“He aquí un verdadero israelita, en quien no hay ningún doblez”, este
piropo, dirigido por Jesús a Natanael, amigo de sus discípulos, es uno
de los más elocuentes registrados en los evangelios (Juan 1, 47), y
revela el aprecio del Maestro por las personas de una sola pieza:
aquellas en las que no hay engaño, treta, duplicidad o simulación. Su
aprecio por la sinceridad y el hablar directo —“Sea vuestro modo de
hablar sí, sí, o no, no; que lo que pasa de esto, de mal principio
procede”— tenía como contrapunto su profundo desagrado ante la
hipocresía. Son los que practican la doblez los que reciben sus
reproches más severos: “¡Ay de vosotros fariseos hipócritas!”…
“Sepulcros blanqueados”.
Uno de los problemas más profundos de
nuestra cultura es precisamente su falta de repugnancia ante la
dualidad. Por el contrario, uno de los personajes más celebrados, y que
en cierta forma parece encarnarla o representarla, es la de un
hipócrita; El Güegüense ; personaje dual, que goza en su picardía y
duplicidad, y cuya habilidad o virtud más aplaudida es su ingenio para
engañar a otros. Hipócritas, se llamaba en el teatro griego antiguo a
los actores que usaban máscaras para representar a personajes que no
eran. El Güegüense y nuestros bailes afines están llenos de máscaras que
expresan, precisamente, nuestra afición a ocultar al verdadero yo,fingiendo.
El Güegüense , como obra teatral-literaria tiene
méritos indudables. Pablo Antonio Cuadra la consideraba comparable a los
clásicos de la picaresca universal. Muchos consideraban su magistral
manejo de la burla velada como el último recurso de los oprimidos. Pero
como bien lo cuestionó Moisés Hassan en su libro La maldición del
Güegüense , dicho personaje “disfruta ridiculizando a alguno de los
suyos, otros mestizos o indios entre los cuales hay que incluir a su
propio hijo…”
Lo verdaderamente problemático está en glorificar
este personaje y hacer de la hipocresía un ícono de nuestra cultura.
Pablo Antonio Cuadra advertía al respecto, en boca del historiador
Jerónimo Pérez, que “el mal de nuestra América es la marrulla: una
palabra baja pero tremendamente válida en nuestra vida política. Nunca
cumplimos con las reglas del juego que nosotros mismos nos imponemos”.
Esto ha sido algo particularmente cierto en la historia de Nicaragua: el
uso de la ley para deshacer la misma ley, el uso de la trampa, del
engaño, del artificio jurídico, no para defender la justicia, sino para
herir al adversario.Somoza García sonreía cuando sus
funcionarios asignaban los votos de Enoc Aguado a su candidato Leonardo
Argüello y los de este a aquel. Y sonreía cuando después sus diputados,
sin ningún rubor, declaraban a este inepto para gobernar, pues había
osado a mostrarse independiente. Igual sonreía Alemán cuando le movió la
raya municipal a Pedro Solórzano, para privarlo de su candidatura a la
Alcaldía de Managua. Igual sonreían Ortega y Roberto Rivas cuando
alteraban los votos de las elecciones municipales del 2008, e igual
sonríen ahora cuando acarician la posibilidad de inhibir a los
candidatos de la oposición cobijados bajo el PLI.
Pero esas sonrisas, trampas y marrullas, tan opuestas al ideal evangélico de la
integridad, producen después su triste cosecha de revueltas,
derramamientos de sangre y atraso. Ciclo feroz y destructivo que ha
flagelado Nicaragua y que tiene su raíz en una superabundancia de
hipócritas güegüenses y en una escasez de hombres como Natanael, “en
quienes no hay ningún doblez”.
OSIRISMELISA7131011

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