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viernes, 19 de agosto de 2011

ROBERTO RIVAS DE MAGISTRADO A MILLONARIO.

ROBERTO RIVAS DE MAGISTRADO A MILLONARIO.:
Leyendo los últimos destapes de EL NUEVO DIARIO sobre las andanzas del presidente del Consejo Electoral, la estafa de la compra del avión, sus 217 vuelos entre Costa Rica, Nicaragua y Estados Unidos, el escándalo de las inhibiciones arbitrarias a candidatos a diputados y la conmoción que ha comenzado a crear la no entrega de las cédulas, me recordó la conducta de aquel psicópata de la novela de Patricia Highsmith, que se plasmó en la película francesa A pleno sol y en su nueva versión El talentoso Mr. Ripley, con Matt Damon. Si se recuerdan el personaje no era un enfermo mental con psicosis o esquizofrenia, por el contrario sabía en todo momento lo que estaba haciendo. Tom Ripley, tanto en la versión encantadoramente malvada de Alain Delon, como en la versión más dulcificada de Matt Damon, comparten con su versión rechoncha y vulgar de Roberto Rivas, la locuacidad, el egocentrismo, los delirios de grandeza, la falta de culpa o escrúpulos, así como lo mentiroso y manipulador y la total ausencia de empatía, en este caso con los ciudadanos de Nicaragua. La grabación de la conversación de Rivas con su acreedor Mario Abel Chow, donde no sólo hablan de la falsificación de facturas y tráfico de influencias en el gobierno, deja en evidencia la locuacidad procaz del magistrado usurpador del CSE. Sus presentaciones en televisión donde ha mentido públicamente sobre la entrega de cédulas, la verificación y el rol de los observadores nacionales e internacionales, están más allá del Ripley de la película. ¿Qué cual es el talento de Roberto Rivas? Pues esa misma habilidad para cambiar de actitud según le resulte más ventajoso y de sacarle dinero a amigos, parientes, enemigos y a quien se deje. Es un trepador clásico que está dispuesto a todo con tal de enriquecerse y darse la buena vida.

La voracidad por el poder, el dinero, el lujo y la comida del talentoso Mr. Rivas es legendaria. De manera parecida al Ripley de la película, Rivas era un obscuro administrador de la organización caritativa (COPROSA) de su mentor, el Cardenal Obando (hoy “guía espiritual” de Daniel Ortega) a través del cual ha llegado a ser como por arte de magia, todo un potentado. Con mansiones en Nicaragua y Costa Rica, yates, aviones, isleta en el lago y casas en el mar, ha sido visto en Playa Hermosa actuar como un aristócrata inglés en el África colonial: un redondo albornoz blanco caminando hacia la playa protegido por un “egipcio” que le cubre con un parasol mientras otro con guantes blancos y con impecable traje negro de mesero le sigue con su trago. En su mansión de Nicaragua y Costa Rica es atendido por su propio chef y un sinnúmero de mucamas, teniendo la excentricidad de mantener un cuarto de refrigeración para el pingüino que tiene de mascota en el horroroso calor de Managua. Fanfarrón, presuntuoso y comelón, Rivas es todo un sicópata de manual, aunque de cuello blanco. Su estado sicopatológico tiene que ver con un sentimiento profundo de rechazo o inseguridad durante su infancia, que busca como compensar viviendo a todo trapo, por la vía del robo, la estafa o el fraude, con tal de sentirse omnipotente y más importante de lo que es. De ahí la falta de ética, seriedad y responsabilidad que se supone a un magistrado. El solo es un delincuente que no tuvo ningún escrúpulo ni remordimiento en involucrar a su propia hija y dejarla ante la justicia en Estados Unidos, con tal de conseguir su jet de 1.2 millones de dólares.

Roberto Rivas sólo pudo llegar a ser magistrado del Consejo Supremo Electoral, en un ambiente político donde predomina la megalomanía (“locura grande”) que como se sabe es enfermedad que aqueja a quienes se creen monarcas o caudillos y que va acompañada de otras formas de conducta como el narcisismo, el mesianismo, la paranoia, la mitomanía o el culto a la personalidad. Nuestro talentoso Mr. Ripley, estaba pues, en su charco, comenzando su ejercicio de corrupción primero al lado del Cardenal Obando, luego ofreciendo sus servicios a otro colega como Arnoldo Alemán y una vez que estos dos fueron a su vez rehenes políticos de Daniel Ortega, el rey de todos los aquejados del mismo mal, se pasó de bando con todo y mochila. Cantando La Consigna Rivas ha sacado harta ventaja a todos por sus servicios. Eso explica el fraude electoral del 2008, por qué le ha declarado la muerte civil a los nicaragüenses, por qué ha prohibido la publicación del padrón electoral, ha quitado personerías jurídicas a los partidos e inhibido a candidatos del PLI-UNE de acuerdo con el interés común y fraudulento de Ortega y Alemán. Explica también por qué no lo investiga la Contraloría y por qué la Procuraduría y el Ministerio Público, dice que “no sabe nada” de la malversación de fondos en el CSE, mientras una pretendida presidenta de la Corte Suprema de Justicia y un comandante sandinista asesor de Ortega, alegan que se trata de “politiquería” porque estamos en año electoral. ¡Como si la corrupción, la estafa y el fraude fuesen de ahora!
En síntesis, que el talentoso Roberto Rivas le ha sacado el jugo a la psicopatología del poder. En el caso de Ortega, su mesianismo, su creencia en que es insustituible, líder nato y único del FSLN, dueño de vida y haciendas, con una misión especial -ser el “rey de los pobres” y la mera tahona de la revolución-, es la que ha permitido que un mediocre delincuente prosperara y a su vez tome poses de gran señor. Acabar con esta vergüenza nacional, impone la necesidad de salir de todos ellos. Como en la película, todos los cadáveres del fraude están enredados en las propelas de sus yates.

fuente:confidencial / osirismelisa /19080011

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