verdades calientes

NATURALEZA-1950: EDUCACION VERDE EN LAS ESCUELAS.

miércoles, 8 de junio de 2011

NO LES VOTES,BOTALOS CON TU VOTO NICARAGUENSE.

NO LES VOTES,BOTALOS CON TU VOTO NICARAGUENSE.: "
LOS POLITICOS NICARAGUENSES.
El llamado a la ciudadanía a votar en las elecciones programadas para el próximo 6 de noviembre hecho por el Obispo Silvio Báez el pasado domingo, contrasta grandemente con el discurso de ciertos portavoces de la Alianza Liberal que, pese a estar inscrita para participar, está llamando a los demás (PLC, PLI-UNE, APRE) a salirse de la contienda por la inconstitucional candidatura de Ortega y el rosario de abusos e ilegalidades del CSE. Aparte de incongruente y no creíble, esta posición me recuerda el clásico relato de la Odisea, dado que el proceso electoral se presenta como un viaje muy difícil, sino catastrófico, plagado de peligros que acechan a la ciudadanía en su esfuerzo por llegar a su Itaca, ese terruño donde los ciudadanos sean tales y puedan vivir en paz y libertad. Como recordarán, al acabar la guerra de Troya y de regreso a su casa, Odiseo o Ulises, enojó al dios del océano, quien en venganza le puso en el camino un montón de obstáculos a cual más horrible para hacerlo desistir de su viaje: cíclopes, sirenas, hechiceras, monstruos marinos, vientos tempestuosos, viaje a los infiernos, comidas alucinógenas y unos insensatos compañeros de viaje. Pese a ello, el Obispo Báez, nos conmina a “ir a las urnas, debemos hacer uso de nuestro derecho ciudadano, no obstante todas las irregularidades que lleva este proceso, a la falta de confiabilidad del Consejo Supremo Electoral”. Como quien dice, pese al cíclope y a los cantos de sirena que dicen que no lo hagamos.

Entre Escila y Caribdis
Entre los escollos que le toca sortear al Odiseo-pueblo para llegar a donde quiere llegar, tiene que pasar entre Escila, “la que desgarra” y Caribdis, “la que devora”, que son los nombres de una roca y un remolino, que conformaban un estrecho por donde debían pasar los barcos del héroe de la Odisea. Escila era una creatura que como el régimen de Nicaragua, tenía doce garras, seis cuellos coronados por igual número de espantosas cabezas, cuyas bocas estaban llenas de tres hileras de dientes, como los tiburones. Caribdis, que estaba en el lado de la oposición, era un engendro cuya misión era engullir tres veces al día las aguas del mar y otras tantas devolverlas, lo que creaba un remolino que se tragaba todo (hay una secuencia de imágenes de esto en Piratas del Caribe) que tiene su símil en las pretendidas primarias del PLC, en la elección del “candidato único” por encuesta, en la “unidad” de una oposición sometida a Alemán y en la propuesta de no ir a las elecciones ni votar. Los electores nos encontramos en una situación en que no podemos evitar el peligro de ir a unas elecciones fraudulentas escogiendo al candidato equivocado, cayendo en el otro de abstenernos de participar. Así que no queda de otra: el desvencijado barco de nuestra participación tiene que jugarse la vida y cruzar el estrecho, sorteando a Escila y Caribdis, de lo contrario Ortega no tendrá siquiera que esforzarse por robar las elecciones.

No abdicar
Como han demostrado las recientes elecciones en España, los que votan son los que deciden: los que votaron nulo o se abstuvieron -por desencanto, por protestar o por estar acampados en las plazas- dieron al traste con el PSOE con lo que el Partido Popular arrasó, sin crecer mucho en votantes. El hecho que como dijo Monseñor Báez estemos en una sociedad “donde al bien se le llama mal y al mal, bien; donde lo legal es ilegal” no debe confundirnos. El ilegal es Ortega, no el proceso electoral establecido por la ley, lo fraudulento son las autoridades, no los ciudadanos. Quienes deberían renunciar a ser candidatos son quienes lo tienen prohibido por la Constitución así como los corruptos que han pactado las ilegalidades y le hacen el juego. Esperan que abdiquemos de nuestro derecho al cambio y a participar. Por el contrario, a estos no hay que darles el voto, sino que hay que botarlos. Y si bien es cierto que el hoy muy citado Abraham Lincoln dijo que “los pueblos son los verdaderos dueños del poder y las cortes no para cambiar la Constitución, sino para derrocar a los hombres y mujeres que las pervierten”, esto no puede ser realizado por la violencia como proponen ciertos adversarios del régimen. La única estrategia democrática posible y deseable para la ciudadanía es por la vía pacífica y civilizada del voto y el apoyo decidido a una alternativa de oposición independiente.

Ortega también tiene su estrecho
Por más que la ciudadanía la tenga difícil para salir del actual régimen, éste tampoco las tiene todas consigo. Su Escila es la beligerante participación ciudadana en unas votaciones que lo desalojen del poder, su Caribdis la realización del fraude en contra del voto popular que tendría como resultado la ilegitimidad. La democracia se define no sólo por el origen del poder en la soberanía popular, sino también por su ejercicio a través de las instituciones republicanas de gobierno (normado por el estado democrático de derecho) y por su finalidad, que es la de garantizar y materializar los derechos ciudadanos (civiles, políticos y sociales). En esas tres cosas ya Ortega está bastante mal parado desde éste periodo: en la legitimidad de origen, pues nunca dio a conocer el resultado total de las votaciones del 2006, a lo que se suma el fraude del 2008; en la legitimidad por ejercicio, pues ha destruido las instituciones de la República y en la legitimidad por finalidad, pues nos ha venido despojando de los derechos civiles y políticos, queriendo hacer pasar como “restitución de derechos” sociales, los espejitos y baratijas de estadios virtuales para la ciudad y el reparto de cerdos y gallinas para el campo. En el proceso electoral del 2011 va con los pies superhinchados en cuanto a su legitimidad de origen: candidatura ilegal y prohibida, proceso electoral con ventajismo e irregularidades y un calculado fraude electoral. Por eso hay que ir a las urnas y votar. Para botarlo, a él y a los colaboracionistas. Por lo tanto, no les votes; bótalos con tu voto. Y como dicen los chavalos en los colegios, ´los espero a la salida`…"

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