verdades calientes

NATURALEZA-1950: EDUCACION VERDE EN LAS ESCUELAS.

RENE DAVILA

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sábado, 29 de junio de 2013

MAESTROS NICARAGÜENSES ULTRAJADOS POR EL ORTEGUISMO.


El Día del Maestro, hoy 29 de junio, se conmemorara como es costumbre desde hace ya muchos años, en medio de una intensa controversia entre dirigentes magisteriales oficialistas, para quienes todo es de color rosado y bonito, y los educadores democráticos e independientes que denuncian las injusticias salariales y las deplorables condiciones laborales en las que desempeñan su noble y esencial función profesional.

Pero no solo los bajos salarios —los cuales, con todo y los “bonos solidarios” del Gobierno no alcanzan ni siquiera para cubrir la mitad del precio de la canasta básica— y las precarias condiciones laborales, son las que impiden el adecuado o un mejor ejercicio docente en Nicaragua, principalmente en primaria y secundaria. Es que también el poder político ultraja la conciencia personal y gremial de los maestros, al someterlos incluso por medio de especialistas que vienen de Cuba comunista, a procesos lavatorios de cerebro para inculcarles y que inculquen dogmas totalitarios. Se lastima además la dignidad humana y profesional de los maestros, al obligarlos a participar en actividades políticas del partido oficialista, lo cual envilece la función magisterial que por su naturaleza y misión tiene que ser limpia, libre, independiente y apartidista.

La politización sectaria de la función magisterial que ha impuesto el orteguismo, fue evidente esta semana en el lugar que debería ser la mejor instancia y la más alta tribuna republicana de Nicaragua, la Asamblea Nacional, donde el miércoles 26 de junio se celebró una sesión especial en conmemoración del Día del Maestro. Siendo el parlamento la representación por excelencia de la pluralidad nacional, lo lógico y decente es que en una conmemoración como la del Día del Maestro se permita y respete la libre expresión de la normal diversidad. Es decir, que se expresaran tanto los exponentes de la rama magisterial oficialista, que sin duda y por las razones que sea es por ahora numéricamente mayoritaria, como también los representantes del sector independiente y democrático de los maestros, quienes no por ser minoritarios carecen de derechos ni son menos dignos que los otros.

Sin embargo, la directiva orteguista de la Asamblea Nacional solo permitió que hablara en esa sesión especial dedicada al magisterio, el representante de los maestros oficialistas. De manera arbitraria la directiva parlamentaria o la fuerza política que está sobre ella, impidió que hiciera uso de la palabra la profesora Ena Fuertes, dirigente de la organización de maestros independientes Unidad Sindical Magisterial, a pesar de que la opositora Bancada Democrática Nicaragüense había solicitado en tiempo y forma y con todo derecho, que fuera inscrita en la lista de oradores de la sesión especial parlamentaria.

Se conoce muy bien que la buena educación en una sociedad solo es posible, si la escuela y los maestros son formadores de ciudadanos críticos, si se enseña a los escolares a escuchar y respetar las voces distintas, si se promueve el debate de las ideas, si se cultiva la capacidad de sacar conclusiones propias y se enseña que la libertad es el alfa y omega de la existencia humana. Lo contrario, o sea la mala educación, es formar borregos de desfile en vez de ciudadanos libres, masificar el pensamiento, fomentar el culto a la personalidad, inducir a venerar becerros de oro e ídolos con pies de barro. Como es actualmente la “educación” que se imparte en Nicaragua.

lunes, 17 de junio de 2013

EL CANAL DE NICARAGUA LA UTOPÍA POLITIQUERA O LA REALIDAD.



La construcción de un Canal Interoceánico en nuestro territorio nacional es un megaproyecto que en todas sus opciones afecta al Lago de Nicaragua. De acuerdo con opinión de expertos en preservación y conservación del medioambiente, ocasionaríamos un severo e irreparable daño ambiental cuyas consecuencias catastróficas se extenderían hasta la generación de nuestros nietos.

Desde el punto de vista comercial es posible percibir que la rentabilidad de dicho proyecto a corto o largo plazo no sea razonable ni sostenible. De acuerdo con cifras del comercio mundial, solamente en Estados Unidos, de costa a costa y por canales secos, pasa un 60 por ciento de la mercadería mundial y sin causar daño ambiental. Por el Canal de Panamá pasa alrededor de un 30 por ciento de la mercadería, sumando así un 90 por ciento, quedando de esta manera únicamente un 10 por ciento de la mercadería flotante que podría pasar por el publicitado Canal por Nicaragua. A esto deben restarse costos y pérdidas, por lo que apenas quedaría de 5 a 7 por ciento del mercado. Expertos en navegación han señalado que la profundidad mínima para que una vía acuática sea navegable debe ser de 22 metros y nuestro lago, con una extensión de unos 8,500 Km² y una profundidad estimada, según expertos, entre ocho y nueve metros en su parte más honda, no presta condiciones para transatlánticos que apenas transportarían el 5 por ciento del mercado restante.

Es muy grave la destrucción del manto de agua dulce más grande de Centroamérica, que de acuerdo con estudios bien documentados tiene capacidad para abastecer aproximadamente a 80 millones de habitantes y actualmente nuestra población circundante al lago se beneficia de este gran recurso que la naturaleza nos ha regalado; por lo que es momento de reflexionar, de hacer Patria y no de vender patria, de abrazar y querer a nuestro patrimonio territorial, de pensar en el futuro de nuestros hijos y nietos. No olvidar que vivimos un terrible período de calentamiento global que a diario seca los mantos acuíferos del planeta.

En el pasado hemos sido testigos de éxodos políticos, hoy podríamos tener un éxodo ambiental, inédito en Centroamérica y podríamos ver una invasión foránea cuya mano de obra especializada sustituiría a los nicaragüenses.

Si la ventaja no es económica, ni ambiental, entonces ¿cuál es la ventaja de este Canal y cuál es la urgencia de hacerlo sin la debida consulta a nivel nacional? ¿Por qué no se ve un contrato de país a país, sino con un supuesto empresario de dudosa existencia? ¿Por qué no hay licitación internacional? ¿Por qué se oculta valiosa información al pueblo? Me asalta la gravísima preocupación que existan oscuros y mafiosos intereses económicos incluyendo la pesada mano del narcotráfico que tanto preocupa a nuestra institución policial y que tras el disfraz de un supuesto progreso material para el país se tenga ya organizado todo un andamiaje de políticos, corifeos, empresarios y hasta sindicalistas del gobierno promoviendo lo que a todas luces parece ser un monumental engaño que solo favorece a la familia gobernante y sus serviles acólitos.

Los nicaragüenses todos, sin distingos de colores políticos, debemos responsabilizar a los gobernantes de turno y a todos aquellos políticos y empresarios que se están prestando para elaborar y participar de este proyecto que despierta la enorme sospecha que va a beneficiar mayormente a políticos corruptos que sistemáticamente han destruido la institucionalidad del país y no conformes en su ambición, ahora van a destruir el ambiente y nuestra geografía.

Señores del Gobierno, señores parlamentarios, señores empresarios, no sean canallas con nuestro país ni con el futuro de nuestro pueblo; retrocedan y reflexionen, no mientan, no vendan ni destruyan nuestro país. Si no hacen bien, por lo menos no hagan daño, más del que ya han hecho a nuestra sufrida democracia.

Nicaragüenses, reflexionemos, seamos conscientes y amemos a Nicaragua. Une tu voz y levanta tu protesta y denuncia a los depredadores que hoy venden la patria.  

Banana Republic




Todo pudo ser muy distinto. El comandante Ortega podría haber jugado con las cartas sobre la mesa y discutido abiertamente la posibilidad de contratar con alguna nación, consorcio o empresa, la construcción de un canal por Nicaragua. Tras el posible respaldo a la idea, pues un canal beneficiaría nuestra economía, el siguiente paso habría sido escoger cuidadosamente al agente más idóneo para ejecutar el proyecto.

Cuando el Estado quiere construir una carretera invita por ley a un proceso de licitación pública. Esta exige que los candidatos demuestren experiencia, solidez financiera, y rindan una fianza para casos de incumplimiento. Luego se escoge al mejor. Si esto rige en obras menores, cuánto más habría que exigir para un convenio multimillonario en el que el país concede al contratista derechos monumentales y aspectos de su soberanía, ¡por cien años!

Escogido el contratista se imponía negociar los derechos y obligaciones de cada cual. El presidente de la nación, rodeado de los mejores abogados, debió procurar, como es su deber, términos que ofrecieran a la contraparte incentivos suficientes para invertir, pero que aseguraran a su país las mayores ventajas y la defensa de su soberanía.

Nada de esto ocurrió. Sin mediar ninguna licitación o exigencia de acreditación, nos despertamos con la noticia que el proyecto de mayor envergadura de nuestra historia se le había otorgado al ciudadano chino Wang Jing, un señor que, además, ya había ganado un oscuro contrato de telefonía en Nicaragua, sin que hasta la fecha haya traído un celular.

Las consultas fueron simbólicas: cinco días tras los cuales la Asamblea, en una sola sesión, aprobó el proyecto de ley, en lo general y en lo particular, sin incorporar ni una coma de los cambios sugeridos por los consultados. En un trámite de urgencia, excepcionalmente rápido, se aprobó la ley más trascendental de las últimas décadas.

Lo peor es que el convenio pareciera redactado exclusivamente por los abogados del consorcio chino. En 1914 el tratado Chamorro-Bryan ofrecía a Estados Unidos el derecho exclusivo de construir un canal y el arriendo por cien años, las islas de Corn Island, más la opción a construir una base militar en el Golfo de Fonseca. Dichas concesiones les valieron a sus firmantes el apelativo de “vendepatria”.

El tratado Ortega-Jing, además de conceder al concesionario la exclusividad del canal por cien años, junto con el derecho a construir puertos, zonas francas, ferrocarriles, etc. (art.3) le otorga el derecho a vender o transar todos sus derechos o propiedades, el de expropiar las tierras que a su discreción considere necesarias, pagando el precio catastral por las privadas, y nada por las estatales (art.12), el de fijar a su discreción las tarifas, (art.11), el de recibir repuesta del estado a sus solicitudes en menos de 14 días, considerándose otorgadas si persiste el silencio después del plazo, (art.8), el de no poder ser demandado por incumplimiento por la vía civil, penal o administrativa (art.13). Nicaragua en cambio se compromete, entre otras cosas, a indemnizar al inversionista por declaratorias de inconstitucionalidad que le perjudiquen (art.18), y a renunciar a su inmunidad soberana en caso que el inversionista quiera embargarle sus bienes o reservas.

¿Qué recibe Nicaragua? En el tratado Chamorro Bryan recibió tres millones de dólares de 1914 que, de acuerdo con economistas, equivaldrían a 66 millones de 2010. Pero dado que su economía era entonces al menos diez veces menor, el impacto real de dicha suma equivaldría hoy a más de 500. En el tratado Ortega-Jing se habla de que el concesionario “estará obligado a procurar” el pago hasta por diez millones de dólares anuales por diez años” ¿Se imagina usted un contrato que diga que su empleador “procurará” pagarle 10,000 córdobas mensuales?

Irrisorio y sospechoso. El señor Jing podría expropiar millones de hectáreas a bajo precio y luego revenderlas. Lo mismo podría vender o arrendar sus concesiones de puertos, zonas francas etc., sin haber construido un metro del Canal. ¿Qué negocios turbios se estarán cocinando? No lo sabemos. Lo cierto es que el tratado abre las puertas a la corrupción y que algo huele a podrido.  



jueves, 13 de junio de 2013

EL CUENTO CHINO EN NICARAGUA.



 Carlos Fernando Chamorro preparaba su programa de televisión Esta Semana en Managua, y antes de grabar el segmento con la entrevista sobre mi nuevo libro de narraciones Flores oscuras, le tocaba comparecer al doctor Jaime Incer Barquero, el más reputado de los científicos nicaragüenses y lúcido defensor de nuestro patrimonio ecológico cada vez más disminuido y abusado. Desde el estudio mismo donde aguardaba me dispuse a escucharlo lleno de expectativa, pues iba a hablar sobre el proyecto de construcción del Gran Canal Interoceánico que hoy acapara, una vez más, la atención del país.

Un tema recurrente de nuestra historia, que yo diría vicioso, una especie de sueño maléfico que nos aparta de todo los demás para arrastrarnos hacia esa eterna panacea entre brumas de opio. Pobreza, ignorancia, marginalidad, injusticia económica, todo queda cubierto una y otra vez por este velo mágico. El estrecho dudoso, que viene desde los tiempos de la conquista, cuando se buscaba el paso entre los océanos para llegar a las tierras del Gran Kan, y que ha desmedrado nuestra soberanía a la hora de firmar tratados como el Chamorro-Bryan con Estados Unidos en 1914, el epítome nacional de la aversión antimperialista.

El presidente Ortega ha enviado a la Asamblea Nacional una ley que otorga una concesión por cien años para la construcción del Gran Canal a una incierta compañía china, HK Nicaragua Canal Development Investment Co., presidida por un misterioso personaje, Wang Jing. El consorcio de papel se halla establecido en algún lugar de la vasta Hong Kong, pero está inscrito en Gran Caimán, y se ha comprometido a invertir 40 mil millones de dólares en la obra, que además del canal acuático incluye líneas ferroviarias de costa a costa, puertos en ambos océanos, aeropuertos, carreteras de alta velocidad, etc. Otra Nicaragua de ciencia ficción, la de los sueños de opio.

Un proyecto sin el aval ni la participación del gobierno de China. Durante su reciente visita a Costa Rica, el presidente Xi Jinping declaró que su país privilegia los proyectos de cooperación con aquellos países con los que tiene relaciones diplomáticas, que no es el caso de Nicaragua, pues Ortega las mantiene con Taiwán. Y un Canal Interoceánico es necesariamente, además, un proyecto geopolítico, en el que ni siquiera los países del Alba encabezados por Venezuela parecen mostrar interés, ya no se diga Estados Unidos.

La dichosa compañía china, dueña absoluta del Gran Canal según esta extraña ley, que sin duda será aprobada por la Asamblea que Ortega controla ampliamente, irá cediendo anualmente al Estado de Nicaragua el 1 por ciento de las acciones, de modo que dentro de medio siglo llegaría a compartir el Canal por partes iguales.

Una gigantesca obra que, según se anuncia, se iniciará el año que entra; los voceros oficiales han informado que el PIB del país alcanzará dentro de dos años el 15 por ciento de crecimiento y la tasa de desempleo quedará reducida prácticamente a cero. De este sombrero de mago, por lo que se ve, saldrán infinidad de gordos y alegres conejos.

Pero oigamos al doctor Incer, asesor presidencial para asuntos ecológicos y protección del ambiente, aunque no ha sido consultado, ni la Asamblea Nacional lo ha llamado para que opine. Lo hace a través de este programa de televisión, uno de los últimos independientes que queda en Nicaragua, y lo primero que dice, con sobrada extrañeza, es que toda la batería de estudios necesarios, ecológicos, batimétricos, sísmicos, oceánicos, y de las distintas especialidades de la ingeniería, no habiendo siquiera empezado, tomarían no pocos años en llevarse adelante, y para ello se necesita del concurso de firmas especializadas de diversas partes del mundo.

Dice también que todas las rutas propuestas para el Gran Canal que conectará al mar Caribe con el Océano Pacífico, y por el que circularían los grandes buques post-Panamax, pasan a través del Gran Lago de Nicaragua, cuya superficie se acerca a los 10 mil metros cuadrados. Pero contra lo que los profanos pensamos, el lago es sumamente superficial, y su escasa profundidad no es apta para esos megabarcos que cargan hasta 15,000 contenedores y tienen un calado mínimo de 20 metros. Esto significaría que dentro del lago mismo debe abrirse un canal de al menos 45 metros de hondo, en un trayecto de al menos 90 kilómetros. Un canal del canal.

La remoción de sedimentos de semejante dragado, enturbiaría las aguas del Gran Lago de tal manera que dejarían de ser potables y la vida de toda su fauna llegaría a su fin. Una catástrofe, según el científico. Y aún otra, solo para apuntar dos: el paso del Canal por los ríos de la cuenca del Caribe necesitaría de la protección de los caudales, lo que solo puede conseguirse con la reforestación de miles de kilómetros hoy dedicados a los pastos para ganadería, uno de los más importantes rubros de la economía de exportación del país. Árboles en lugar de ganado, sino no habría Canal, lo que en términos de la pequeña economía de Nicaragua, significaría un violento vuelco, y la ruina de miles de ganaderos.

Y otro vuelco demográfico, pues en un país donde la pobreza certificada alcanza la mitad de la población, esas obras faraónicas serían un potente imán de atracción desordenada el país entero se trasladaría a vivir a las cercanías del Gran Canal. Pero la mano de obra ociosa, de ninguna manera especializada, sería inútil para las complejas tareas de construcción.

Cuando la entrevista termina y el doctor Incer baja del set, me acerco a darle las gracias. En apenas 15 minutos de respuestas certeras y ponderadas, ha demostrado que semejante proyecto, tan desproporcionado y estrafalario, no es sino el mismo ardid de siempre para encender falsas esperanzas.

Puedo entonces seguir viendo al recurrente Canal por Nicaragua como novelista, fascinado por los grandes mitos nacionales, este el primero de todos, destinados, dichosamente, a no cumplirse nunca. Nuestra vieja linterna mágica descompuesta, que proyecta siempre las mismas viejas imágenes. El autor es escritor Masatepe, junio 2013
SERGIO RAMIREZ MERCADO.

jueves, 23 de mayo de 2013

EL CANAL DE ENSUEÑO.


El presidente Ortega ya lo hizo oficial: el Canal lo harán los chinos, su ruta no será por el río San Juan, sino más al norte y su costo andará por los cuarenta mil millones de dólares. Del anuncio, a que pase el primer barco, pasarán muchos años y seguramente no veremos pasar el primer supertanquero por nuestro bello Lago de Nicaragua.

El doctor Jaime Incer, asesor en materia de medioambiente de la Presidencia, ha dicho, escuetamente, que habría que hacer un estudio de profundidad (o batimetría) en la ruta del canal sobre el Lago de Nicaragua para saber si el lago puede “aguantar” semejante proyecto.

Lo cierto es que los estudios ya existen, el Lago de Nicaragua no tiene la profundidad adecuada para permitir barcos del pretendido calado de 23 metros. Entre la costa de Chontales y la Isla de Ometepe el lago tiene 9 metros en promedio y entre Ometepe y la costa de Rivas unos 13 metros, en promedio.

Esto lo sé porque he navegado en todo el lago desde hace más de 40 años, teniendo siempre a bordo un sonar o “fishfinder” que detecta la profundidad con exactitud.

Además, he visto y sé que existen mapas completos del Lago de Nicaragua con estudios de batimetría previos, que fueron realizados por cierto hacia finales del siglo XIX por ingenieros norteamericanos que estudiaban la ruta más factible para construir el famoso canal interoceánico por Nicaragua, utilizando el río San Juan y el Lago de Nicaragua.

Estos mapas confirman lo que todos sabemos: tenemos un gran lago muy seco y desde entonces hasta hoy, solo puede estar más seco, por el proceso de sedimentación acelerada causado por la deforestación de su cuenca.

El único lugar donde podría navegar un barco así que ya llaman “Nicamax”, en nuestro lago, es en una línea recta donde hay una falla entre San Ramón, Isla de Ometepe y La Zanata, en medio Lago, pero esta línea no esta en el trazo de este a oeste que tendría que tener el canal para acortar la distancia sino de Ometepe hacia el sureste. La parte más profunda del lago está en esta falla, frente a San Ramón, Ometepe y mide un poco más de 50 metros de profundidad.

Para que un barco de la clase Nicamax con un calado aproximado de 22 metros pase de la costa de Chontales a la costa de Rivas por la ruta más corta, se tendría que dragar en el lago una gigantesco canal subacuático para llevar la profundidad del lago constante a 25 metros. Dicho canal tendría 80 kilómetros de longitud por un ancho de 300 metros para que puedan pasar dos barcos, uno de ida y uno de vuelta.

No quiero ni siquiera pensar o imaginar las implicaciones ambientales que esto tendría sobre el Lago de Nicaragua, considerado como la mayor reserva de agua potable de Centroamérica, si es que tal empresa es factible con la tecnología actual.

Pero aún suponiendo que se logran superar las dificultades técnicas, que no son pocas, y las ambientales que son impensables, tenemos la problemática del agua. ¿De dónde va a salir el agua para las monumentales exclusas que necesariamente tendrán que construirse para subir los barcos de ambos océanos a los 31 metros sobre el nivel del mar que tiene el lago?

Si ya actualmente, con el caudal que se va por el río San Juan y el proceso de evaporación, con solo un mal invierno los barcos que calan apenas dos o tres pies tienen mucha dificultad de arribar a San Jorge o Moyogalpa. Y eso que esas embarcaciones son pigmeas en relación con los supertanqueros que se suponen van a surcar por las aguas de nuestra Mar Dulce cuando esté operando el canal.

Si no tenemos una garantía de que los buenos inviernos aportarán esa agua y no se regula o represa el caudal que se nos va diariamente por el río San Juan, no habrá agua para las exclusas, al menos que el lago se seque, hasta que los barcos no puedan navegar sobre sus aguas.

Esta garantía no se logrará sin una reversión drástica del proceso de deforestación que ha sufrido la cuenca de nuestros lagos, y en el caso hipotético de que seamos exitosos reforestando masivamente las cuencas hídricas de nuestro Lago Cocibolca, este sería un proceso gradual, que duraría muchos años en tener un efecto perceptible en el cambio climático.

jueves, 2 de mayo de 2013

El orteguismo: 52 años conspirando



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En el año 1990 el canal estatal de televisión transmitía el programa Democracia en marcha . En una ocasión el invitado fue Edén Pastora, en su variable como opositor a Daniel Ortega.

En aquél momento Violeta Chamorro llamaba a la concertación económica y social, mientras Ortega azuzaba el vandalismo callejero. El nuevo gobierno, compuesto en buena parte por personas sin experiencia política, estaba más que dispuesto a lograr acuerdos por la gobernabilidad, palabra que a partir de entonces se volvería común en asuntos públicos.

Pastora expresó su opinión, y por única vez le escuché una verdad contundente, que más o menos fue: “Ustedes los tecnócratas de la UNO (Unión Nacional Opositora, que llevó al poder a Chamorro), creen que pueden sentarse en la mesa a negociar de tú a tú con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). ¡No se dan cuenta que ellos tienen casi treinta años de estar conspirando!”.

Veinte y dos años después de aquella entrevista, el FSLN y el orteguismo han acumulado 52 años —y contando— de conspirar nacional e internacionalmente, llevando a Nicaragua sobre el filo de la navaja, sometiendo a sus contrarios y logrando ventajas hasta la última gota.

La experiencia indica que al orteguismo no se le enfrenta con ingenuidades ni falta de carácter. Les ocurrió a funcionarios de Chamorro y la Asamblea Nacional llegando, entre otras cosas, a “legalizar” el robo de bienes y recursos públicos (leyes 85, 86 y 87) conocido como “La Piñata”, sellada en 1995 con la Ley de Estabilidad de la Propiedad (209), y que según el procurador general ha costado a los nicaragüenses 1,283.7 millones de dólares, sin incluir lo que falta.

Arnoldo Alemán quiso tratar de “tú a tú” con el orteguismo y en el primer capítulo entregó lo que no le pedían: la reducción del porcentaje de votos para ganar elecciones en primera vuelta, de 45 a 35 por ciento. Después posó sonriente junto a Ortega en la histórica foto. En el segundo capítulo, tras dividir la oposición y dispersar su partido, logró le anularan juicios y condenas de corrupción en su contra. Hoy escribe su epílogo, aunque sueña con un tercer capítulo.

Enrique Bolaños tampoco escapó a la trampa. Asesorado por inexpertos, cayó en arenas movedizas luego de haber iniciado una justa batalla contra la corrupción, pero sin estrategia clara. Los delincuentes que se aprovechaban de los recursos del Estado resultaron ser demasiados, y el poder judicial estaba controlado por Ortega. Conocemos el resto de la historia.

Sin embargo, los tres gobiernos tuvieron respaldo mayoritario para asentar la democracia. Al no hacerlo, oxigenaron al orteguismo que ahora a muchos tiene en sus manos.

“No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo”, decía Albert Einstein (1879-1955). Así vemos que a pesar de las evidencias, y las consecuencias que la ciudadanía carga sobre sus espaldas, el zancudismo actual no ha aprendido nada, y baila obediente la canción que el oficialismo orquesta, creyendo merecer aplausos.

La llamada oposición ha tenido sus quince minutos de fama, y su premio es el rechazo generalizado. Su atracción fatal por las cámaras y la fascinación por coquetear con el orteguismo, los ha convertido en marionetas sostenidas por los hilos de su propio desconcierto.

En aquél programa Pastora fue entrevistado por Tony Ibarra, quien huyó del país tras denuncias de actos de corrupción y comprador de votos en la Asamblea Nacional —maleta de dólares en mano— provocando que algún poderoso funcionario registrara la sentencia “nadie aguanta un cañonazo de cien mil dólares”, nicaraguanizando la del expresidente de México (1920-1924) Álvaro Obregón Salido, “nadie aguanta un cañonazo de cincuenta mil pesos”.

Sin lugar a dudas que el orteguismo conoce maneras de persuasión más baratas y eficaces.  

jueves, 25 de abril de 2013

LA PIÑATA SANDINISTA LE A COSTADO AL PUEBLO 1283.7 MILLONES DE DOLARES Y SIGUE EL RANCHO ARDIENDO.




El procurador General de la República, Hernán Estrada, reveló ayer que 1,283.7 millones de dólares ha pagado el Estado de Nicaragua, en concepto de indemnización a 7,510 ciudadanos de diferentes nacionalidades, por propiedades que fueron confiscadas por el Gobierno sandinista en la década del ochenta.

“Les hemos cumplido a todos, no solo a los ciudadanos estadounidenses”, recalcó el funcionario, mientras destacaba los logros del Gobierno de turno, durante la ponencia titulada La Propiedad en Nicaragua: Un esfuerzo de todos, impartida al sector empresarial del país y diplomáticos.

A esta cifra se le deben sumar 22.5 millones de dólares calculados por la Procuraduría para pagar los 285 casos pendientes por resolver.

“Esos 285 casos pendientes son de ciudadanos estadounidenses, con los cuales se concluiría la lista del Waiver de la propiedad”, detalló Estrada.



Los 1,283.7 millones de dólares se han pagado desde 1993 al 2013 (20 años), indicó el procurador Estrada, quien recalcó que desde el 2007, cuando el partido sandinista tomó nuevamente el poder, al 2013 se han pagado 72.4 millones de dólares en concepto de indemnización por propiedades confiscadas.

CIUDADANOS PAGAMOS PROPIEDADES


Para el economista René Vallecillo el Estado de Nicaragua lo que ha pagado es “paz social, porque de lo contrario tendría que haber sacado de sus propiedades a muchas personas beneficiadas por reforma agraria. El problema es que detrás de esos pequeños se esconden grandes personajes que se beneficiaron haciéndose de grandes casas y fincas”.

La cifra pagada hasta ahora producto de las confiscaciones de la década del ochenta, “equivale al 60 por ciento del Presupuesto General de la República”, indicó el economista.

“Esos 1,283.7 millones de dólares divididos en 20 años equivalen a un pago promedio de (más de) 60 millones de dólares al año, que podrían haberse utilizado para educación, salud, infraestructura, pero el Gobierno decidió pagar paz social”, dijo el economista.

Al final de cuentas, dijo Vallecillo, “quien ha pagado las confiscaciones de propiedades hemos sido los ciudadanos nicaragüenses a través de los impuestos que pagamos”.

lunes, 8 de abril de 2013

LA VERDAD SOBRE LO QUE OCURRE EN NICARAGUA.



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Funcionarios del Gobierno y algunos empresarios, de manera permanente afirman que la economía de Nicaragua está creciendo, que el país está muy bien y que vamos de “victoria en victoria”. Indudablemente que para este selecto grupo que ve todo “color de rosa”, su situación personal ha mejorado. Sin embargo, la cacareada mejoría de la economía es muy relativa y frágil. Diríamos que están haciendo lo del avestruz, al hacerse los ciegos ante la descarnada realidad de miseria y pobreza en que vive casi la mitad de los nicaragüenses, y ante las siguientes verdades, fundamentadas en las estadísticas oficiales del Banco Central y de Organismos Internacionales:

1. Las exportaciones, si bien han crecido, apenas alcanzaron en el 2012, en dólares constantes, los niveles de hace 35 años, por consiguiente, las exportaciones actuales per cápita son aproximadamente la tercera parte de las exportaciones de 1977, ya que la población actual de 6 millones es casi tres veces la población de aquella época.

2. El ingreso per cápita de hoy es inferior, en dólares constantes, al de hace 35 años.

3. Cerca de un millón de nicaragüenses ha emigrado en los últimos 35 años y continúan emigrando. ¿Cómo explicar este fenómeno si estamos tan bien?

4. Nicaragua ocupa el último lugar de Iberoamérica en ingreso per cápita y en nivel de bienestar.

5. Uno de cada dos nicaragüenses no come los tres tiempos; uno de cada dos nicaragüenses en edad de trabajar está desempleado o subempleado; haciendo cualquier cosa para subsistir. Más de medio millón de niños y adolescentes están fuera del sistema escolar. Solamente uno de cada tres graduados universitarios encuentra trabajo.

El atraso de Nicaragua se debe a que el modelo económico, social y político actual está perpetuando un estado crónico de subdesarrollo económico, de desigualdad social y de corrupción política; practicando el “Estado Botín” en la administración pública, tecnologías primitivas en un buen sector de la economía, y un sistema educativo desastroso.

Un grupo de ciudadanos creemos que esta situación puede corregirse y proponemos para ello: Tres Revoluciones.

Estas Tres Revoluciones son pacíficas y deben de darse de forma conjunta e inseparable, se complementan entre sí y tienen como objetivo la transformación radical de Nicaragua, hasta convertirla en una nación próspera y desarrollada; donde impere la libertad y la democracia, y donde la equidad y la justicia social sean conquistas permanentes. Estas son: 1. La Revolución Ética-Institucional. 2. La Revolución Educativa y 3. La Revolución Agroindustrial.

Por razones de espacio presento hoy un esbozo de la revolución ética-institucional:

—Una nueva Constitución para la nueva Nicaragua. La absoluta prohibición de la reelección presidencial de por vida y el requerimiento de un porcentaje mínimo de 50 por ciento más uno, para la elección del presidente de la República en primera vuelta.

—Reducción del número de los diputados en la Asamblea Nacional a 60; elegidos uninominalmente en las distintas zonas geográficas del país.

—Ley Salarial del Estado: los magistrados y diputados de Nicaragua no podrán continuar ganando 30 y hasta 50 veces lo que gana un maestro. Supresión de prebendas y regalías. El salario de los maestros no podrá ser inferior al costo de la canasta básica (C$$12,000).

—El acceso a los cargos del gobierno será por “Oposición” en concursos públicos.

—Reforma del Sistema Judicial: solamente 7 magistrados en la CSJ.

—Reforma Tributaria Integral y equitativa y para el Desarrollo.

—Control Público de las compras y licitaciones del Estado utilizando las TIC.

—Reforma de la Contraloría: Junta directiva ad honórem y un solo contralor.

—Supresión del Consejo Supremo Electoral como poder del Estado y creación del Instituto Electoral Nacional.  

El autor es ingeniero